Cuando parecía una victoria controlada, el Chelsea se desplomó.
Con Moisés Caicedo como titular, los Blues no pasaron del empate 2-2 ante el Leeds, un rival que pelea por la permanencia, y dejaron escapar dos puntos que duelen en la carrera por los puestos de Champions.

El equipo de Liam Rosenior dominó desde el inicio. Con posesión, paciencia y jerarquía, fue encontrando los espacios hasta que Cole Palmer rompió líneas y asistió a Joao Pedro, quien definió con clase para el 1-0 a los 25’. El primer tiempo cerró con ventaja y sensaciones positivas.

En el complemento, el libreto se mantuvo. Chelsea manejaba el balón y, a los 58’, llegó el 2-0 tras un penal bien ejecutado por Palmer. Todo indicaba que el partido estaba liquidado.

Pero ahí comenzó el derrumbe.

A los 66’, el árbitro sancionó un penal inexistente sobre Moisés Caicedo. Jayden Bogle se enganchó con la pierna del ecuatoriano, el VAR no intervino y Lukas Nmecha descontó desde los doce pasos. La decisión cambió el ánimo del partido.

El Chelsea entró en confusión. Apenas siete minutos después, una mala coordinación defensiva permitió que Noah Okafor empujara el balón para el 2-2, tras un error entre Acheampong y Robert Sánchez.

En el tramo final, los Blues empujaron con más voluntad que claridad. Joao Pedro rozó el gol de cabeza y, al 94’, el propio Caicedo armó una gran jugada por derecha, pero Palmer falló increíblemente bajo el arco.

El pitazo final dejó un sabor amargo. Chelsea pasó de una noche tranquila a un empate frustrante, condicionado por un fallo arbitral polémico y por sus propios errores defensivos.

Ahora, los Blues dependen de otros resultados para saber si pueden escalar al cuarto lugar. Una oportunidad desperdiciada… y una advertencia clara: en la Premier, perdonar se paga caro.

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