Victoria con sabor extraño. AC Milan cumplió, venció 3-2 a Torino FC en un partido vibrante, lleno de ritmo y respuestas. Hubo nombres que dieron la cara, momentos de carácter y una reacción que sostiene la competitividad del equipo en San Siro.
Pero en medio del ruido… hubo un silencio que pesa.
El de Pervis Estupiñán.
No fue titular. No ingresó. No apareció. En un partido abierto, con variantes, con necesidad de piernas frescas… simplemente no estuvo. Y cuando esto se repite, deja de ser decisión puntual y empieza a ser mensaje.
Hace poco era protagonista, héroe de clásico, noticia por hacer historia. Hoy, vuelve a quedar fuera del foco. El contraste es brutal. Y en el fútbol de élite, esos cambios no son casuales: son señales.
El Milan gana, suma y compite. Pero la ausencia de Estupiñán abre otra lectura: ¿qué tan dentro está realmente del proyecto? Porque no se trata solo de rendir cuando te toca… sino de lograr que te necesiten.
Y ahí está el punto incómodo.
Porque en los gigantes de Europa no hay memoria larga. Un día te aplauden… y al siguiente, si no sostienes, te borran sin aviso.
Conclusión clara: el Milan avanza, pero Estupiñán retrocede en silencio. Y en este nivel, desaparecer también juega… y casi siempre en contra.
