No fue casualidad… fue carácter. Liga Deportiva Universitaria de Quito debutó en la Copa Libertadores con un triunfo que vale más que tres puntos: 0-1 ante Always Ready en la temida altura de El Alto.
Un partido de resistencia, inteligencia y paciencia. Porque jugar en Bolivia no es solo fútbol, es desgaste, es oxígeno, es cabeza. Y ahí, Liga mostró oficio. Se ordenó, aguantó y esperó su momento.
Durante gran parte del encuentro, el equipo albo priorizó la solidez. Always Ready intentó, empujó, pero sin claridad. Y cuando el empate parecía sellado, apareció el golpe final.
Gabriel Villamil, en el 90+4’, rompió el cero y desató un grito que vale oro. Un gol que no solo define un partido… define una postura: este equipo sabe competir donde otros sufren.
Porque ganar así no es suerte. Es convicción.
Este triunfo marca territorio en el Grupo G. Sumar fuera de casa, en condiciones extremas y sobre el final, es de equipos que entienden la Copa. Ahora, el reto será sostener esa intensidad cuando reciba a Mirassol y confirmar que no fue solo una noche épica.
Conclusión directa: LDU no solo ganó… golpeó fuerte. Y en Libertadores, esos golpes suelen marcar el camino.
